Hoy es el día elegido para celebrar a todas las damas del orbe, pero el día de la mujer es hoy, ayer, mañana, todos los días.
Ustedes son sal y luz del mundo, talla de costilla, no de talón, sino del lugar más cercano al corazón. Por ustedes viene al mundo la espreranza. La semilla germina en sus vientres y las convierte en madres, mujeres, heroínas del día a día.
¿Acaso no son ustedes causa de grandes hazañas, relatos, inspiraciones: Elena, pretexto del Homero; Dulcinea, inspiración de caballero de triste figura, también casusa de un Silvio estremecido por aquella que empinaba a sus hijos, por mujeres de fuego, de nieve, fuertes mujeres.
A ustedes va dirigido este homenaje, simple, profundo, como ustedes, porque su verdadero valor está en el hoy, ayer, mañana. Y el verdadero homenaje está en el respeto, admiración, a veces heroica, la más de las veces simple, sútil pero necesaria, que tratamos de ignorar, por eso hoy es necesario recordar, conmemorar, agradecer y reconocer que aún cuando aparentamos ser fuertes o indiferentes, sin ustedes seríamos pobres de espíritu y cuerpo, incompletos.
Gracias MUJER por existir.